Biografía de Blas Infante

Manifiesto de la Nacionalidad

Salvemos Asta Regia

Bibliografía Transición

Bibliografía Andalucismo histórico

Paremos  la  catalanofobia

 

 

 

 

Paremos la catalanofobia.

Manuel Ruiz Romero 

 

El término, por extraño, lo leía hace años queriendo expresar entonces los mismos miedos de hoy. Todo lo que hagan los catalanes -en este caso la reforma de su Estatut-, provoca múltiples reacciones desconfiadas, particularmente, en una tierra como la nuestra, más dispuesta a observar el corral ajeno que el suyo propio.

Mucho antes de conocerse el texto que las formaciones política del Parlament han aprobado y trasladado a las Cortes –con una unanimidad del 90%-, Cataluña ya venía siendo, entre algunos intelectuales de pin y lumbreras de opinión pública, objeto de más atención, supuestamente crítica, que el propio hecho andaluz. Vuelve a estar de moda la fijación. Hay verdadera rivalidad por cuestionar a otros territorios más que poner el énfasis del interrogante sobre como el texto que vamos a aprobar los andaluces, cómo se redactó nuestro Estatuto durante nuestra transición, porqué los ciudadanos están ajenos al debate de la reforma o cómo trabajan nuestros representantes en tal sentido.

Con las limitaciones de un artículo periodístico, cabe recordar que el hacer de Cataluña provocó a lo largo del siglo XX la generalización autonómica que otras Comunidades aceptaron –café para todos-. Un devenir que, sin embargo, ha avanzado más hacia una interpretación homogeneizante y no en pro del reconocimiento de unos hechos diferenciales para determinados territorios entre los que incluyo a Andalucía. Cuando Zapatero generalizó la oferta reformista para todas las Comunidades, parece que la única forma de hacerla efectiva es con un ojo puesto en el agravio y el otro en esa pela siempre preocupa tanto al catalán y que se supone sacada de nuestro bolsillo.

El panorama descrito concreta un escenario de permanente confrontación entre Cataluña y España que pasa, en primer lugar, por un abierto rechazo a la personalidad diferencial de la primera, así como a la existencia de una idea dominante en la segunda en referencia a la pretendida insolidaridad catalana en temas de financiación autonómica. Parecemos olvidar que Cataluña, a lo largo del siglo XX, con su reivindicación cultural, lingüística, política e institucional ha contribuido, y mucho, a la modernización y al progreso de un Estado plural y cooperativo, al que siempre ha gustado pertenecer reclamando voz y voto a la hora de evaluar servicios, programas y políticas. Una realidad que desde Andalucía hemos olvidado imitar cuando coinciden los colores partidistas de San Telmo y La Moncloa.

Pese a todo, nadie negara que existe un ánimo hostil que trasciende lo que, democrática y legítimamente, cabe recordar aquí, han decidido todos los representantes catalanes a excepción del PP. Sin embargo, pese a que el Proyecto de Estatut será debatido en Cortes y que el propio partido en el Gobierno no tiene claro su opinión, cabe precisar que, suceda lo que suceda con su articulado, habremos cerrado en falso la cuestión si los propios políticos e instituciones de Cataluña no son capaces de explicar y convencer al resto de España de sus posiciones. Y esta cuestión tiene una segunda cara: por encima de aquella unidad centralista, rancia y monocolor del Estado que ahora nos recuerda algún militar que siempre debió estar firme, la tan cacareada pluralidad democrática y constitucional, no deben ser meras palabras de un nuevo talante, sino la voluntad política y pedagógica de reconocer la existencia de cuatro personalidades singulares en otros tantos territorios (entre los que incluyo a Andalucía), desde donde profundizar la democracia, compartir soberanía y avanzar en la interpretación constitucional. No en vano se viene calificando como segunda Transición al intenso momento político que nos disponemos a vivir, mientras las señorías andaluces ocupan su tiempo en dar nombre a un himno que no lo necesita.

Frente a esa abierta capacidad de diálogo democrático a nadie escapa que existen importantes sectores políticos y mediáticos que vienen oscureciendo un horizonte ilusionante de reformas, creando una falsa o estereotipada imagen de catalanes y vasco que, paradójicamente, lejos del estímulo que pudiera representar para los hijos de Tartessos, eclipsa cualquier debate y lo reconvierte en las más tópica y oscura de las interpretaciones involucionistas, peligrosamente contrarias al espíritu de la Carta Magna. Y ello, ni nos estimula ni nos favorece en la construcción de un discurso propio.

Desconocemos qué va a pasar con el Estatut, pero lo que me resisto a creer es que si durante el debate final que nos resta, no se relega este clima de fobia y confrontación, estaremos inmersos en la misma suspicacia que hace 26 años deberíamos haber sido capaces de superar. Ahorraremos preguntas a los andaluces como sobre qué lado de la línea imaginaria -nacionalidades o regiones históricas-, desean situarse como autogobierno y en base a nuestra identidad. Porque lo que sí tengo meridianamente claro es que, en esta ocasión, no interesa al partido mayoritario en nuestra Comunidad impulsar otro 28F y romper así un nuevo marco constitucional que vuelva a favorecer a otros territorios. ¿O es que acaso pensamos hacerlo contra Cataluña?

 

 

 

  Paginas Amigas:

  Diseño Web

  Estudio de Delineación

  Estudio de Arquitectura

  Oficad

  Oficina de Arquitectura

  Plaza de Garaje

  Proyectistas

  Recetas de Cocina

 

 

 Si tiene alguna sugerencia ó pregunta relacionada con este sitio Web, póngase en contacto con [info@blasinfante.com].
Última actualización: 12 de diciembre de 2009.